Kahwagi: Poder, política y el millonario negocio de verificar

Kahwagi: Poder, política y el millonario negocio de verificar
Autor: Redacción / Noventa Grados | Fecha: 30 de Septiembre de 2026 a las 18:55:26

*Millones de automovilistas obligados a pagar, concesiones otorgadas por gobiernos y un mercado reservado para unos cuantos. Jorge Kahwagi no fue un espectador: llegó a presidir la sección de Verificentros de CANACINTRA. Años después, su apellido aparecería en controversias y denuncias sobre concentración del negocio en distintos estados.

Ciudad de México, a 30 de septiembre de 2026.— México conoció a Jorge Kahwagi Macari como empresario, diputado, dirigente político, boxeador y personaje televisivo. Mucho menos conocida fue su relación con un negocio particularmente atractivo: la verificación vehicular. El Sistema de Información Legislativa de Gobernación registra que fue presidente de la Sección 117 Verificentros de CANACINTRA, lo que confirma su participación institucional en una industria cuya demanda, a diferencia de un mercado convencional, es creada por el propio Estado.

La fórmula es poderosa: el gobierno obliga periódicamente a millones de automovilistas a verificar sus vehículos y al mismo tiempo determina qué establecimientos pueden prestar el servicio. Una autorización permite así acceder a una clientela cautiva durante años. En 2016, durante la disputa por los verificentros de Morelos, La Jornada recogió la estimación de un empresario del sector según la cual un centro podía generar alrededor de 1.5 millones de pesos mensuales. No se trataba de estados financieros auditados, pero la cifra ayuda a dimensionar el valor económico que podían alcanzar estas autorizaciones.

Las controversias

El apellido Kahwagi apareció posteriormente en conflictos relacionados con verificentros en Puebla, Morelos y Baja California. En Puebla, antiguos concesionarios cuestionaron las condiciones bajo las cuales se transformó el sistema y denunciaron que determinados requisitos favorecían a nuevos operadores. Investigaciones periodísticas también relacionaron intereses atribuidos a Kahwagi con empresas proveedoras de equipamiento, lo que abrió una pregunta todavía más relevante: si el verdadero negocio terminaba en el verificentro o se extendía hacia las máquinas, software, mantenimiento y otros servicios necesarios para operar.

En Morelos, antiguos concesionarios acusaron que nuevas autorizaciones podían beneficiar a empresas relacionadas con Jorge Kahwagi Gastine y sus herederos. Algunos denunciantes incluso sostuvieron que diferentes razones sociales podrían permitir la concentración de varios centros bajo intereses comunes. El gobierno de Graco Ramírez rechazó esas acusaciones y defendió el procedimiento, por lo que dichos señalamientos no pueden presentarse como hechos probados. Posteriormente también se reportó una queja administrativa para investigar la posible concentración de establecimientos relacionados presuntamente con Jorge Kahwagi Macari.

El negocio detrás del holograma 

La dimensión económica podría ser mayor que el simple cobro por verificar. Alrededor del sistema existen concesiones, equipos, software, mantenimiento, comunicaciones y servicios tecnológicos, todos alimentados por una obligación impuesta a millones de propietarios de vehículos. Si un mismo grupo económico participara en varios de esos eslabones, el negocio sería considerablemente mayor.

Ahí está la parte de la historia que permanece sin resolver. Para conocer el verdadero tamaño de los intereses involucrados habría que cruzar las razones sociales que recibieron autorizaciones con sus accionistas, administradores, apoderados, domicilios, proveedores y financiamiento. Sólo así podría determinarse si establecimientos aparentemente independientes pertenecían efectivamente a empresarios distintos o mantenían conexiones entre ellos.

La participación de Jorge Kahwagi en el sector está documentada; también lo están las denuncias y controversias que rodearon determinadas concesiones.

Durante años el automovilista sólo vio un holograma pegado al parabrisas. Detrás existe algo mucho mayor: un mercado creado por el gobierno, financiado obligatoriamente por millones de ciudadanos y operado mediante autorizaciones públicas. Kahwagi estuvo dentro de esa industria. La pregunta pendiente es hasta dónde llegaron realmente sus intereses.

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