Morelia, Mich., a 17 de septiembre del 2018.- A petición del escaso público que se dio cita en el Palacio del Arte, Sagrario de los Consagrados, el matador moreliano Jorge Sotelo le cortó una oreja a un toro de regalo con más de 550 kilos procedente de San Marcos, ganadería de Valle de Guadalupe Jalisco, siendo éste el único trofeo de la Corrida de la Independencia que fue obtenido. Durante la corrida ordinaria, el matador Israel Téllez salió al tercio y dio vuelta al ruedo; Fermín Rivera, quien lidió con lo peor del malo encierro, aplausos y silencio; Y el michoacano saludó en el tercio y aplausos.
Fue una corrida singular, sui generis, desde su concepción, porque es sabido que el 15 de septiembre nunca ha sido bueno para la tauromaquia en Morelia, el cartel no era muy atractivo, casi no se le dio difusión, el juez de plaza rechazó dos bureles porque no cumplían con el reglamento, y para colmo de males los cinco toros de La Venta de Romero y los dos de San Mateo fueron malos, nada qué salvarse en ese renglón, para mala suerte de los tres espadas, quienes derrocharon valor y ganas de agradar.
Lo más notable del evento fue que la empresa decidió darles a los toros nombres relacionados con la manera de ser y hacer de Ricardo Pato Carreón, quien el viernes anterior murió a consecuencia de un accidente que sufrió en Campo Hermoso, la ganadería de donde llegarán los toros que serán lidiados el venidero 30 de septiembre en la Monumental de Morelia, entre ellos el 223, un imponente astado que provocó el accidente que acabó con la vida de nuestro gran amigo.
Los nombres de los siete toros fueron: “Ay lararai”, expresión de júbilo que gritaba el Pato Carreón, “Pato querido”, “Fotógrafo”, “Periodista”, “Gran Amigo”, “Hasta siempre” y el de regalo fue distinguido con “Siempre alegre”. Los siete conceptos en su conjunto describen perfectamente al gran taurino Ricardo Carreón Franco, quien también se firmaba como Patricio Franco. Bien, pero vayamos a la crónica.
Lo más taurino de la tarde se lo vimos al matador guanajuatense Israel Téllez, quien realizó tres tandas de derechazos y naturales extraordinarios al cuarto de la tarde; Fermín Rivera tuvo que echarle cabeza para evitar los gañafonazos del quinto de la tarde, un cobero que traía más peligro que Satanás acorralado; y Jorge Sotelo tuvo momentos muy toreros que conectaron fuertemente con el respetable.
Israel Téllez
El guanajuatense vestía principescamente con un mandarina y oro, recibió con verónicas y chicuelinas al “Ay lararai”, toro de La venta de Romero que registró 457 en la romana. Cubrió, como siempre, magistralmente el segundo tercio. Con la muleta le pegó una tanda de derechazos asido a tablas para provocar los olés de la afición; logró pases de mucho mérito por ambos lados, pero el burel se fue a menos, regateaba la embestida y salía con la cara arriba. Pinchazo y entera en buen sitio. Salida al tercio.
El cuarto de la tarde fue “Periodista”, hermoso castaño oscuro con 475 kilos que traía altos grados de buena bravura, al que Israel Téllez le hizo un quite muy lucido por chicuelinas antiguas coloridas y ceñidas. Con banderillas brilló intensamente y fue ovacionado. Su faena de muleta fue por derechazos y doblones para bajarle el calamocheo que traía el de La Venta de Romero. El toro fue a más y el diestro originario de Uriangato aprovechó para esculpir derechazos en redondo con mucho sabor y ligar tres tandas de derechazos con claro hálito poético. Falló con el acero y perdió las dos orejas que tenía ganadas.
Fermín Rivera
El torero potosino dejó ver su estética figura agitanada en el redondel del Palacio del Arte y espero con garbo la salida de “Pato querido”, animalazo con 556 kilos de puro músculo que inmediatamente dio muestras de mansedumbre porque rehuyó el capote. El diestro logró sacarle pases que no tenía, insistió, le buscó la cuadratura al círculo con mucho pundonor y ganas de agradar, pero el San Marcos se rajó descaradamente. Pinchazo y pinchazo que hicieron doblar al toro. Abucheos del público para el burel.
“Gran Amigo” fue el quinto de la tarde, toro de La Venta de Romero que traía mucho peligro, ya que le daba coba al torero para luego tirarle el gañafonazos, hacía como que no quería envestir y luego atacaba sorpresivamente buscando las piernas del diestro. Nada que hacer con tamaño costal de mañas, mas Fermín Rivera le neció para agradar al respetable poniendo en riesgo su vida. Dos pinchazos porque no empujaba el burel y entera. Aplausos de los enterados.
Jorge Sotelo
El coletudo moreliano salió con muchas ganas. Recibió en tablas a “Fotógrafo”, cornúpeta con 456 kilos al que le diseñó una serie de verónicas muy toreras que remató con una revolera de altos vuelos. Su faena de muleta fue de derechazos hondos, molinetes de rodillas y adornos muy toreros que conectaron con el público. Mató de media estocada, Petición de oreja que el juez negó. Salida al tercio con mucha fuerza.
“Hasta siempre” fue el sexto de la tarde, cuadrúpedo con 477 kilogramos, al que Sotelo recibió con una larga de rodillas, verónicas y chicuelinas. Toro rajado y aplomado al que le tuvo que dar una serie de doblones y abaniqueos en la cara para abreviar con dos pinchazos y una media en buen sitio. Aplausos.
“Siempre alegre” fue el de regalo, procedente de la dehesa de San marcos, toro con 556 kilos de malas ideas. Jorge Sotelo quiso, pero el burel no quiso, el de Michoacán insistió y ante la falta de material para hacer la gran faena se tiró a matar para meter la espada hasta los gavilanes. El público hizo hondear sus pañuelos y el juez concedió la única oreja de la tarde noche. Así sea.









