Roca Rey se prodigó y cortó dos orejas; el Pirata le tumbó una al de su despedida

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Roca Rey se prodigó y cortó dos orejas; el Pirata le tumbó una al de su despedida
Roca Rey se prodigó y cortó dos orejas; el Pirata le tumbó una al de su despedida
Roca Rey se prodigó y cortó dos orejas; el Pirata le tumbó una al de su despedida
Autor: Óscar Tapia Campos/ Noventa Grados | Fecha: 4 de Noviembre de 2018 a las 11:36:00

Morelia, mich., a 04 de noviembre del 2018. - Aunque el encierro parchado de Pablo Moreno con tres de Marrón dejó mucho que desear en términos generales, Andrés Roca Rey ofreció dos poemas de toreo para cortar dos orejas, escuchar la aclamación sacralizadora del respetable y salir a hombros de la Monumental de Morelia; Juan José Padilla, el Pirata, derrochó pasión y coraje para obtener un trofeo del de su despedida del coso michoacano; y el mexicanísimo Jerónimo se fue de liso porque le tocó un lote infumable, amén de que su segundo del sorteo se le despitonó y también el primero de reserva.

Roca Rey está en otra dimensión torera. Su manera de entender y de interpretar el toreo no tiene límites. Para el no hay toro malo, ni plaza chica; toda ocasión es propicia, todo circunstancia favorable para bordar la filigrana y hacer del arte de Cúchares una entrega, una ofrenda grandilocuente y sin parangón, tal y como en La Noche de Muertos hizo y entregó en la Monumental de Morelia para crear luz en la oscuridad, sacar miel del desierto y néctar de una piedra, cortar dos orejas, salir a hombros y ser aclamado como lo que es: la máxima figura mundial de la fiesta más bella de todas las fiestas.

El terremoto peruano está convertido en un mago, monstruo y prestidigitador de la fiesta más bella de todas las fiestas, porque lo bueno que le sale de las corraletas lo convierte en excelso, lo excelso lo elevaba a otra potencia, y cuando le aparece lo malo es capaz de construirlo, reconstruirlo y bordarlo para que el respetable sienta y goce. Así lo pudimos constatar en el bello Coso del Poniente Moreliano, porque a Roca Rey le salieron dos toros sin virtudes, y él los rescató del limbo en base a darles sus tiempos y su distancia, en llevarlos de a poco y de a mucho, en parárseles donde no les quedaba de otra más que acometer.

Con Roca Rey en el horizonte y los carteles la fiesta brava goza de muy buena salud porque no puede haber encierro, ni tarde, ni resultados malos, puesto que el chaval sudamericano todo lo abrillanta, todo lo embruja, todo lo magnifica con su valor, su arte y su incondicional deseo de agradar. Su torerismo, por tanto, conecta en los tendidos inmediatamente, tanto con los neófitos como con los enterados, lo mismo con los villamelones que con los puristas. Total, con todos, por eso está llamado a convertirse en una de las máximas figuras mundiales de todos los tiempos.

EL ENCIERRO

De toriles salieron 8 bureles, dos fueron regresados porque se dañaron las armas, un sexteto muy justito en edad y trapío, de embestida desigual. Encierro de Pablo Moreno parchado con 3 de Marrón. Pésimos los lidiados en primero, segundo y quinto sitios; malo el tercero; y bueno a secas el cierra plaza. El quinto sorteado era el de mejor presencia, pero se estrelló en un burladero y se despitonó, salió un sobrero de buena lámina y armadura que también se estrelló en un burladero y se dañó la cornamenta, los dos le correspondían al matador Jerónimo, el segundo de reserva sí fue toreado por él.

JUAN JOSÉ PADILLA (celeste y oro)

Al abre plaza llevo por nombre Desteñido, y vaya que fue fiel a su nombre por su regateo en la embestida, debilidad y mansedumbre. El Pirata lo recibió con dos largas de rodillas muy bien ejecutadas, verónicas y chicuelinas. En base a pundonor cambió los silbidos por aplausos con la muleta, habida cuenta que el público comprendió que no había toro, pero sí torero. Abrevió y mató de estocada. Aplausos.

Torrecillo fue el nombre del cuarto de la noche, toro con 494 kilos, y con plomo en las patas que obligó al diestro a ingeniárselas para moverlo, para que acometiera y hacerlo pasar. La Banda Sinfónica municipal de Tiríndaro tocaba Las Golondrinas y entonces, Padilla, obligó al de Marrón, lo jaló en base a riñones, a pundonor, a coraje y determinación. Le hilvanó tandas de derechazos y naturales, echó rodillas a tierra y emocionó. Estocada completa. Una oreja.

 

JERÓNIMO (azabache y oro)

Bandolero, toro de Marrón con 464 en la romana, desprendido y rajado, al que el torero mexicano saludó con verónicas de mucho sabor, llevó por mandiles muy lucidos al caballo y lo colocó con revolera abrillantada. Con el percal le pinceló derechazos muy artísticos, molinetes forzados y naturales suaves y cadenciosos. El astado se aplomó, mas el diestro todavía logró adornos, molinetes y derechazos. Pinchazo sin soltar y entera desprendida. Aplausos.

Precisa la conseja popular que no hay quinto malo, pero al menos en los toros para Jerónimo salieron tres quintos y no hubo bueno, porque Optimista se despitonó; salió Arquitecto, primero de reserva, y le pasó lo mismo; se mandó al segundo de reserva, Contador por nombre con 445 kilos al que Jerónimo recibió con dos largas a pies juntos y verónicas; el burel se fue a menos y se tornó complicado, pegajoso; el matador tuvo que bregarlo y pegarle una serie de doblones. No estuvo certero con el acero. Aplausos.

ANDRÉS ROCA REY (Lila y oro)

El terremoto peruano se prodigó desde que se abrió de capa ante Tabernero, un cárdeno anovillado con 472 kilos, procedente de la dehesa de Marrón, al que tuvo que embestir, hacer, construir para tener toro. Lo recibió con verónicas y le realizó un quite brillantísimo por gaoneras y calecerinas. Lo bordó el peruano, le esculpió derechazos y naturales muy bien rematados con el de pecho y conectó plenamente con manoletinas muy ajustadas, qué manera de transmitir a los tendidos. Tres cuartos de estocada desprendida. Oreja.

Ante el cierra plaza, Condesito de nombre, toro de Pablo Moreno con 465 kilos, el fenómeno peruano realizó un saludo capotero y quites con verónicas, revoleras, chicuelinas andantes, tafalleras, saltilleras y calecerinas para provocar expresiones de júbilo en los tendidos de la plaza; con la muleta también dejó ver amplitud de recursos: Derechazos en redondo, molinetes de pie y de rodillas, naturales hondos, pase de las flores y, en suma, un repertorio de esos con los que se abrillantan las miradas y se jalan los olés más largos que el tren. Pincha dos veces, estocada desprendida, petición con mucha fuerza y el juez concede la oreja. Así sea.

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