Morelia,Mich.- 13 de mayo del 2018.-Las puertas del Cortijo La Salud se abrieron y en toda la tarde se pesó la ausencia del ingeniero José Luis Becerra Magaña porque antes lo normal era verlo y saberlo presente cuando se daba un evento taurino en ese su recinto donde se han iniciado muchas figuras mexicanas de la fiesta brava de anteayer, ayer y hoy.
Pero ya no estuvo físicamente el Ingeniero Becerra, aunque sí su recuerdo, su alma y su gusto por la tauromaquia porque no puede ausentarse cabalmente de ese cortijo que era parte de su corazón. Y aunque el festival fue en su honor, lo más notorio fue todo el tiempo que a él no se le veía entre la gente; faltó su saludo amable, sus palabras emotivas, su regocijo porque había actividad allí.
Antes del festival taurino el obispo emérito de Chilpancingo Chilapa, Guerrero, monseñor Alejo Zavala Castro, ofició una misa ante familiares y amigos cercanos del Ingeniero Becerra.
Apuleyo Vallejo se esmeró porque el festival fuera redondo, y el ambiente estuvo siempre a modo para que la tarde resultara buena. Lo más torero lo realizó el matador Bernardo Rentería, quien tuvo que enfrentar un bicho de Buenavista con mucho sentido, al que le robó pases que no traía para dejar ver su categoría de matador de toros alternativado y con vasta experiencia.
Al becerrista Andrés Ibarra se le notó que tiene escuela, y mostró temple y cualidades ante un buen becerro de Miguel Tapia, cuestión de que lo sepan llevar para que sus siguientes pasos de principiante sean más sólidos.
El novillero Bruno Veloz tuvo que recurrir a todos sus conocimientos de la lidia para no dejarse avasallar por un eral de Buenavista muy toreado que se le echaba encima. Juan José Reséndiz enseñó voluntad ante un becerro de Ana María Vizcaíno que se dejó echar mano.
El aficionado práctico leonés Luis Fernando Aguilar derrochó voluntad frente a otro becerro del fierro de la ganadera de Araró. Mimí Saval nunca se acomodó con otro becerrito de Vizcaíno Tapia. Así sea.









