San Isidro, Argentina, a 17 de septiembre de 2026.- La muerte de Diego Armando Maradona volvió a generar debate durante el juicio que busca determinar las responsabilidades de siete profesionales de la salud, luego de que el cardiólogo Ricardo Iglesias asegurara que el exfutbolista sufrió una muerte súbita y que no presentaba una enfermedad cardíaca evidente al momento de su fallecimiento.
Durante su declaración, Iglesias señaló que Maradona había sido sometido a diversos estudios y cirugías, además de ser atendido por numerosos especialistas, sin que se identificara una condición que permitiera anticipar un desenlace de esa naturaleza. Su postura contradijo testimonios previos de otros peritos, quienes habían señalado la existencia de una miocardiopatía dilatada, un corazón agrandado y coágulos que serían compatibles con un periodo prolongado de agonía.
El especialista también reconoció que Maradona había sido diagnosticado en el 2000 con una miocardiopatía relacionada con el consumo de sustancias tóxicas, aunque sostuvo que su función cardíaca pudo normalizarse una vez superado ese problema.
El fiscal Cosme Iribarren cuestionó al perito sobre síntomas registrados en los días previos a la muerte del exjugador, entre ellos hinchazón, taquicardia, fatiga y ronquidos. Iglesias consideró que estos elementos no permitían anticipar un riesgo cardíaco, aunque admitió que Maradona presentó episodios relacionados con hipertensión que pudieron ameritar algunas medidas médicas.
Maradona murió el 25 de noviembre de 2020 mientras permanecía bajo atención médica domiciliaria. El proceso judicial analiza la actuación de siete profesionales encargados de su atención, entre ellos el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov y personal de enfermería y cuidados domiciliarios.









