Arturo del Alba se instaló como legítimo triunfador en Torre Vieja con faena meritoria y dos orejas 

Publicado el 24 de Noviembre de 2020 a las 10:28:00 | Por: Óscar Tapia Campos / Informa Oriente |

Morelia, Mich., a 24 de noviembre del 2020 .- Allá en lo más escarpado de las montañas ubicadas dentro de la demarcación de Tequila, Jalisco, disfrutamos de un festival taurino del que Arturo del Alba se alzó como legítimo triunfador con buen toreo y con dos orejas, José Antonio Ramírez “El Capitán” y Oliver Godoy cortaron una; mientras que muy generosamente se le regaló el indulto al novillo que lidió Arturo Gilio.

En una tarde soleada, rica, con un vientecillo fresco, el nutrido público disfrutó de un evento en el que permeó el ambiente bohemio, campirano y taurino, mismo en el que un público de dulce disfrutó de los detalles con los que el Capitán rememoró la grandeza y finura de su tauromaquia; Oliver Godoy desperdició un buen burel de la casa ganadera anfitriona; Arturo del Alba tuvo tandas de mucho mérito con un toreo en redondo que conectó con la dulzura del respetable; y Arturo Gilio enseño pinceladas  de sus avances luego de muchísimas tardes que le han dado. De inicio también vimos en acción a los niños Santiago López y Tomás Bustos.

Torre Vieja y rancho el 7 fueron el marco ideal para tan singular festividad sabatina en ese 21 de noviembre de este caótico, dramático y fatídico 2020 que, afortunadamente, está por concluir. Para llegar a Torre Vieja, a la ganadería del insustancial Pablo Moreno, hay que recorrer muchos kilómetros de caminos agrestes, escarpados, en descuido total.

Al entrar lo recibe a uno la imagen escultórica de Mario Moreno “Cantinflas”, el que parece invitar con un “pásale Chato”. Y uno pasa con el gusto de haber dejado atrás tan horrible “brecha”. Ya adentro de la casona el disfrute es inmediato y natural porque queda uno rodeado de arte por doquier: un mural pintado al fresco, esculturas, pinturas, fotografías y otras singularidades, todas en el ámbito de un tema único: la tauromaquia en torno a la ganadería que en sus mejores tiempos perteneciera al Gran Mimo de México y que hoy la tiene un… mejor no digo.

En el pulcro redondel resalta el color rojizo de la arcilla que llevaron desde quién sabe dónde. Y entonces había que buscar acomodo, mismo que encontramos, la matadora Marbella Romero y quien esto pergeña bajo un tabachín vestido de verdes esmeralda y con sus vainas todavía sin tomar el color tierra de la maduración.

Desde allí, junto a una banda que cuenta con un trompetista genial, entre la degustación de buen tequila, cerveza fría, charales, quesos, cacahuates, fruta de temporada y plena disposición a pasarla bien, disfrutamos de una tarde campera con sus singularidades, porque si algo faltó fue tacto a la casa ganadera. Al final, una comelitona en la que, eso sí, sirvieron manjares exquisitos. Así sea.

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