Morelia, Michoacán, a 27 de octubre de 2026.- A un mes de su muerte, Lobita volvió al lugar que durante aproximadamente ocho años fue su hogar. Esta vez, la perrita comunitaria del Hospital Infantil de Morelia regresó convertida en cenizas, como parte de una ofrenda de Día de Muertos instalada por trabajadores del nosocomio para honrar su memoria.
Fotografías, agua fresca, pan de muerto y un recipiente blanco con sus restos fueron colocados en el altar este 27 de octubre, como una forma de recordar a la perrita que conquistó el cariño de decenas de personas y cuya historia trascendió las instalaciones hospitalarias.
Lobita, una perrita mestiza de edad avanzada, murió el pasado 26 de septiembre de 2026. Sin embargo, su ausencia física no impidió que quienes estuvieron pendientes de su cuidado le reservaran un espacio en una de las tradiciones más representativas de México.
Su historia también estuvo marcada por la defensa de su permanencia en el hospital. A principios de este año, el director del nosocomio intentó retirarla de las instalaciones, decisión que llevó a la abogada Stephanie Rodríguez Hernández a promover un juicio de amparo indirecto.
Como resultado, un juez de distrito concedió una suspensión para evitar que Lobita fuera capturada, maltratada o desalojada del lugar donde había vivido durante años. El caso se convirtió en un precedente para la protección de los animales comunitarios, aquellos que reciben alimento, atención y compañía de las personas que conviven con ellos en determinados espacios.
La ofrenda fue organizada por Melissa Dávalos Chávez, integrante de Michoacán Sin Tauromaquia, en colaboración con Rosa Cota, Nancy Álvarez y Selene Romero, trabajadoras del Hospital Infantil de Morelia “Eva Sámano de López Mateos”.
La iniciativa tuvo como propósito recibir simbólicamente a Lobita y mantener viva una tradición que permite recordar a los seres queridos que ya fallecieron, incluidos los animales que formaron parte de la vida cotidiana de las personas.
De acuerdo con una creencia popular, el 27 de octubre está dedicado a los perros, gatos y otros animales que han muerto, pues se considera que en esa fecha regresan simbólicamente para visitar a quienes los cuidaron y les brindaron afecto.
En ese contexto, el altar dedicado a Lobita representa mucho más que un homenaje. También refleja los vínculos que pueden surgir entre los animales y las comunidades que los protegen, así como la huella que dejan en los lugares donde transcurrió su vida.
Aunque su historia terminó con su muerte, la perrita permanece en el recuerdo de quienes la alimentaron, cuidaron y defendieron cuando intentaron retirarla del hospital. Su regreso simbólico demuestra que el cariño construido durante años puede sobrevivir a la ausencia y que, para quienes la consideraron parte de su comunidad, Lobita seguirá teniendo un lugar en el que alguna vez fue su hogar.









